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Con la aprobación de la Declaración de Montevideo finalizó la IV Cumbre Cooperativa de las Américas

18 de noviembre de 2016

Este viernes 18 de noviembre se celebró la ceremonia de clausura de la IV Cumbre Cooperativa de las Américas en la que se dio lectura al contenido de la Declaración de Montevideo, el documento que recoge las conclusiones del evento del que participaron más de 1.250 cooperativistas de dentro y fuera de la región.

La última jornada de actividades de la IV Cumbre se había iniciado con la presentación de las dos conferencias magistrales finales, a cargo del colombiano Luis Eduardo Salcedo, Gerente Asociativo de COOFINEP y miembro del Consejo Directivo de la Red Intercontinental de Promoción de la Economía Solidaria, y del historiador y politólogo uruguayo Gerardo Caetano, Coordinador Académico del Observatorio Político de la Universidad de la República y Presidente del Consejo Superior de FLACSO. Entre ambas conferencias, se recibió la visita del ex-Presidente de la República, José “Pepe” Mujica, quien dejó un mensaje de saludo a todos los participantes en la evento, reflexionando sobre la importancia de la economía solidaria y de las cooperativas en una coyuntura como la actual.

Las Cumbres Cooperativas de las Américas comenzaron a realizarse en el año 2009, con el objetivo de promover espacios de discusión de mayor profundidad que permitan llegar a acuerdos y conclusiones que se luego se plasmen en una Declaración Final que recoja compromisos concretos de las organizaciones participantes en el evento, destinadas a promover cambios que impacten de manera directa en las propias organizaciones cooperativas, pero que también contribuyan a mejorar la calidad de vida de sus asociadas/os y de la población en general. Las anteriores ediciones se celebraron en Guadalajara, México (en 2009), en Ciudad de Panamá, Panamá (en 2012) y en Cartagena de Indias, Colombia (en 2014) y en todas ellas se aprobaron declaraciones finales que recogieron el compromiso de las cooperativas participantes con los temas centrales escogidos en cada una de las oportunidades.

En el caso de esta IV Cumbre, el tema seleccionado y que sirvió como marco general para las más de 20 actividades que dieron forma al evento fue “Cooperativas: asociatividad para el desarrollo sostenible”. La Declaración de Montevideo, con cuya lectura por parte del Presidente y el Director Regional de Cooperativas de las Américas se cerraron formalmente las actividades de la Cumbre , comienza precisando quienes participaron en los eventos que abarcaron una semana de trabajo y el objetivo perseguido con la actividad, al mencionar que “1.250 mujeres y hombres de distintas generaciones, representantes de las cooperativas, mutuales, sociedad civil, academia, movimientos sociales y políticos, organismos internacionales, autoridades de gobierno y parlamentarias de 23 países de América, acompañados por representantes de Italia, España, Holanda, Israel, Gran Bretaña, Portugal, Finlandia, Luxemburgo y Grecia proponen transformar el rumbo de la sociedad a partir de la asociatividad para el desarrollo sostenible”. La participación de tantos cooperativistas de fuera de la región se debe, en parte, a la celebración del II Congreso Continental y el I Foro Mundial sobre Derecho Cooperativo, que se realizó en forma paralela al resto de las actividades y como parte de la Cumbre.

El documento continúa llamando la atención sobre uno de los temas que estuvo presente en muchas de las actividades realizadas: el peligro de que se pierdan algunos de los avances alcanzados en los últimos años en los países de la región, en términos de “conquista de derechos, reducción de la pobreza y redistribución de la riqueza”, como consecuencia del nuevo escenario que se está configurando a nivel mundial y regional, con un predominio creciente de la incertidumbre económica y política, la amenaza de una nueva crisis recesiva y lo que caracteriza como “el retorno de expresiones neoliberales en varios países de la región”.

Más adelante, la Declaración aborda cada uno de los 3 ejes temáticos que orientaron el debate y los intercambios realizados en cada una de las actividades de la Cumbre. Respecto al primer eje, “Poder, Mercado, Democracia y Desarrollo”, el documento señala que “el poder de algunos de los grandes grupos económicos de carácter global ha superado largamente el rol de los Estados Nacionales, y aún el de varios de los ámbitos intergubernamentales internacionales, lo que tensiona los conceptos mismos de democracia y las alternativas para el desarrollo de la mayoría de los países” a lo que agrega que para conseguir sociedades más parecidas a las que aspira a promover el movimiento cooperativo será necesario disputar parcelas de poder que hoy detentan los grupos de capital transnacional, lo que define como una batalla que debe darse en varios terrenos: el económico, el social, el cultural, el comunicacional, el político, el territorial y el ambiental. Destaca luego que uno de los frentes fundamentales en los que debe darse esa disputa es en el desarrollo y la gestión del conocimiento, remarcando que “el papel de las cooperativas y otras organizaciones de la economía social y solidaria en términos del acceso y control del conocimiento son fundamentales para afianzar un camino de expansión de la actividad económica con bases democráticas y sistemas de innovación más plurales”. Menciona que para tener éxito en esa tarea las cooperativas deben participar en todos los niveles de la economía, mejorar su desempeño y desarrollar alianzas con otros actores de la sociedad civil, con los movimientos sociales, las entidades de educación superior y los estados.

Con esta finalidad, la Declaración de Montevideo propone las siguientes medidas en torno a este primer eje: consolidar el desarrollo al interior de las cooperativas para luego “emprender la acción exógena de la cooperativa permeando hacia el territorio estos valores, aportando y contribuyendo al desarrollo de su comunidad”; desarrollar la intercooperación y las alianzas estratégicas; promover el uso de herramientas de balance social cooperativo; volver a ubicar a la persona en el centro de la actividad económica “resaltando las características distintivas de la economía social y solidaria y su rol transformador”; y “destacar la importancia de la educación cooperativa en la construcción de una sociedad más democrática”.

Sobre el segundo eje -“Economía Social y Solidaria”- la Declaración propone una serie de medidas para combatir la concentración de la riqueza y el incremento de la pobreza y la exclusión mediante el poder transformador de la economía social solidaria, entre ellas: reconocer a la ESS como un proyecto de todas/os y no sólo de los sectores más vulnerables; profundizar el papel de las cooperativas dentro de ella; construir vínculos y estrategias comunes de todos los actores que la componen; promover Políticas públicas permanentes de apoyo al sector; difundir y promocionar la propuesta cooperativa para la inclusión social; mantener un equilibrio justo entre lo empresarial y lo asociativo; impulsar espacios de integración y diálogo entre todas las organizaciones comprometidas con el modelo solidario de desarrollo; valorar el rol de la juventud en las cooperativas; y promover el acceso al crédito de las personas de menores recursos.

En torno al tercer eje, “Contribución de las Cooperativas a los Objetivos de Desarrollo Sostenible”, el documento subraya la inviabilidad de mantener el actual modelo de crecimiento económico, industrialización y producción de alimentos que contamina el ambiente y agota los recursos naturales, sin que ello implique un compromiso para la suerte de las generaciones venideras. La Declaración destaca que el rol que tienen para jugar las cooperativas, “proporcionando entre otros, alimentación, vivienda, servicios financieros y empleo decente en todo el mundo, además de una constante innovación y adaptación. Su accionar claramente ha estado orientado a la generación de oportunidades reales para millones de personas, generando condiciones objetivas de inclusión y movilidad social”.

A la luz de este papel la Declaración señala un conjunto de compromisos concretos del movimiento cooperativo para incrementar su aporte a la implementación de la Agenda 2030 y el logro de los ODS, entre ellos: incidir en la elaboración de políticas públicas adecuadas; “aprovechar la capacidad productiva de las cooperativas para contribuir a la erradicación del hambre y su modelo de organización democrática para garantizar la soberanía alimentaria”; favorecer la adopción del modelo cooperativo en las diferentes comunidades con apoyo de los estados y los organismos internacionales; conformar cadenas de valor cooperativas mediante la intercooperación; trabajar con los organismos públicos correspondientes para mejorar las capacidades competitivas de las cooperativas; “promover emprendimientos asociativos que generen empleos de calidad y decente”; “fomentar la protección de los derechos de los trabajadores y trabajadoras” y monitorear los progresos en la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, tanto en las propias cooperativas como en su comunidades.

En sus páginas siguientes, la Declaración de Montevideo resume las principales conclusiones de cada una de las actividades desarrolladas durante la Cumbre, encuentros sectoriales y temáticos, foros de discusión, talleres y mesas de trabajo. Como anexos al documento se incluyen las respectivas declaraciones finales del Encuentro de Parlamentarios y del Encuentro de Organismos de Promoción, Fomento, Supervisión y Crédito Cooperativo, que también se llevaron a cabo como parte de la agenda de eventos de la Cumbre. La declaración de los legisladores señala la importancia de incrementar los esfuerzos para promover, difundir y defender los principios y valores cooperativos a la hora de establecer las normas que regulan la actividad de las cooperativas en los diferentes países; señala el valor de la propuesta de Ley Marco y de otros estudios comparativos legislativos y tributarios desarrollados por Cooperativas de las Américas; y aconseja aprovechar las instancias interparlamentarias regionales para promover y dar a conocer el rol potencial de las cooperativas en la implementación de los ODS. Mientras tanto, la declaración de los institutos reafirma “su compromiso de trabajo en busca del desarrollo del cooperativismo como forma de organización empresarial y social, realizando esfuerzos para su difusión y comprensión de sus particulares características, especialmente, fomentando las prácticas de buen gobierno, corresponsabilidad de los socios en la gestión cooperativa y la creación de medios de comunicación para difundir las bondades del cooperativismo en nuestros países”.

La Declaración de Montevideo termina sugiriendo que el cooperativismo asuma un protagonismo mayor y más activo, “procurando intervenir con mayor fuerza y sentido estratégico en los diferentes ámbitos de definición política sobre los recursos públicos globales” y lanzando una invitación a invita a “otras formas de organización a integrar sus esfuerzos para la transformación social hacia un desarrollo más sostenible e inclusivo”.

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