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Día Internacional de Lucha contra la Desertificación y la Sequía

16 de junio de 2011

La celebración del Día Internacional de Lucha contra la Desertificación y la Sequía destaca la importancia de los bosques en las tierras secas, así como los riesgos de la expansión de “desiertos verdes” en América Latina.

El día 17 de julio se celebra el Día Internacional de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. La fecha fue proclamada así por la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas en el año 1994 (resolución 49/115), conmemorando que el 17 de junio de 1994 se aprobó la Convención de la Organización de Naciones Unidas contra la Desertificación y la Sequía. Su entrada en vigor data del 26 de diciembre de 1996.

Diversas celebraciones han sido organizadas. Por ejemplo, en Madrid, la Fundación IPADE realizó el lanzamiento de Ciberacción "Planta un árbol para frenar la desertificación y apoya a las comunidades quechuas en Perú" en colaboración con la Secretaría de la Convención de Naciones Unidas de lucha contra la Desertificación. También se efectuó el nombramiento de Carlos Marchena, campeón mundial con la selección Española de Fútbol, como Embajador de Buena Voluntad de Naciones Unidas para la lucha contra la desertificación.

La desertificación como problema en América Latina

La desertificación afecta a más de 110 países y cada año se pierden 6 millones de hectáreas de tierra productiva. Técnicamente, la desertificación es la degradación de los suelos de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas resultante de diversos factores, entre ellos las variaciones climáticas y las actividades humanas.

La ONU reconoce que la desertificación es un problema mundial, con graves consecuencias para la seguridad de los ecosistemas, la erradicación de la pobreza, la estabilidad socioeconómica y el desarrollo sostenible. Quienes habitan en zonas secas se encuentran en situaciones de rezago en términos de desarrollo humano.

La cuarta parte de la superficie total de tierras del mundo y el 70% de todas las tierras secas están afectadas por la desertificación, problema que atañe principalmente a los países en desarrollo, en donde se encuentra el 90% de las 2.000 millones de personas cuyos medios de vida dependen de ecosistemas de zonas secas.

Además, de acuerdo con la Fundación IPADE, más del 50% de la población que habita en las regiones afectadas por la desertificación son mujeres, pero también son las grandes olvidadas en los planes nacionales de lucha contra la desertificación. La Fundación aboga para que los proyectos e iniciativas tomen en cuenta las diferentes percepciones y capacidades de hombres y mujeres en cuanto a la degradación de la tierra y sus posibles soluciones.

América Latina tiene una imagen predominante de selvas tropicales, pero aproximadamente una cuarta parte de su superficie está constituida por tierras secas y desiertos. Actualmente, la frecuencia e intensidad en aumento de las sequías resultantes del cambio climático podría exacerbar aún más la desertificación. Este no es un fenómeno natural estrictamente, sino que es el resultado de formas insostenibles de manejo de la tierra.

Los cultivos intensivos son indicadores de lo mencionado. En general, en la década de 1980 una hectárea de tierra producía en promedio 1.8 toneladas, mientras que ahora se elevó a 2.5 toneladas. Estos resultados se han logrado a costa de mayor degradación. La aplicación intensiva de agroquímicos sintéticos conduce al agotamiento de nutrientes del suelo y la ruptura de los equilibrios biológicos: la erosión de los ecosistemas de cultivo.

La urbanización es otro signo causal de la degradación. Actualmente, por primera vez en la historia, más de la mitad de la población vive en ciudades que buscan en el campo (y en los mares) sus fuentes de agua, espacios para depositar basura y residuos, alimentos y materias primas para agrocombustibles. El predominio de pautas de consumo irresponsables en alimentos, materiales, agua y energía podría conducir a una mayor presión sobre los recursos naturales y particularmente los suelos.

Los bosques, la desertificación y los “desiertos verdes”

Siendo este el Año Internacional de los Bosques, oficialmente el Día Internacional contra la Desertificación pone el énfasis en “los bosques de las zonas áridas que cubren el 18% de las mismas”. En estas zonas, los bosques son fundamentales como factores de desarrollo socioeconómico y para la recuperación de las tierras secas y su protección de la desertificación y la sequía. Los bosques secos también son importantes santuarios de la biodiversidad y los ecosistemas, y proporcionan bienes (leña, madera, medicamentos, hierbas y frutas).

El mensaje para este día por parte de Ban Ki-moon, Secretario General de la ONU, destaca que «La gestión, la conservación y el desarrollo sostenible de los bosques secos son esenciales en la lucha contra la desertificación. El reverdecimiento en curso del Sahel y otros ejemplos exitosos en todo el mundo demuestran que las tierras degradadas pueden recuperarse para la agrosilvicultura y otras prácticas sostenibles. Es preciso que aumentemos la envergadura de estas intervenciones y demos amplia difusión a sus resultados».

Conviene también anotar que diversas organizaciones ambientalistas han puesto en el tapete la discusión sobre la propagación de los “desiertos verdes”. En este concepto incluyen las plantaciones de árboles con fines de producción de papel o como “sumideros de carbono” en proyectos de comercio de emisiones. Más ampliamente, también se incluyen otros monocultivos intensivos en tecnologías propias de la “revolución verde” con fines de producción alimenticia o de agrocombustibles.

Se les denomina “desiertos verdes” porque las tecnologías de cultivo y las relaciones socioeconómicas que contienen, conducen a la degradación y pérdida de fertilidad de los suelos, la reducción de la biodiversidad en las áreas, la amenaza a las fuentes de agua y la exclusión social de familias y comunidades locales.

Las organizaciones cooperativas en diversos lugares del Continente, ejecutan proyectos de agricultura sostenible con tecnologías apropiadas de raíz ancestral y técnicas modernas adaptadas, así como infraestructura hídrica y energética adecuada y reforestación con especies autóctonas en sistemas sostenibles.

Fuentes: www.fundacion-ipade.org, www.un.org, www.unccd.int y
www.unep.org

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