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El cooperativismo debe volver a leer

18 de noviembre de 2016

El colombiano Luis Eduardo Salcedo estuvo a cargo de la tercera conferencia magistral de la IV Cumbre Cooperativa de las Américas en la que realizó una interesante presentación, tan motivadora como cuestionadora, sobre la relación entre el movimiento cooperativo y el resto de las organizaciones que integran la denominada economía social solidaria.

Salcedo es Gerente Asociativo de la cooperativa financiera COOFINEP, con sede en la ciudad de Medellín, e integra el Consejo Directivo de la Red Intercontinental de Promoción de la Economía Social Solidaria (RIPESS), aunque al iniciar su exposición remarcó muy especialmente que era la presentación de un cooperativista y no la de un académico.

En la primera parte de su intervención destacó que la economía social solidaria, y el cooperativismo como uno de sus componentes, se enfrentan a retos que calificó de monumentales, y que una de las claves fundamentales para enfrentar esos desafíos consiste en “radicalizar su identidad”. Subrayó que a los cooperativistas “muchas veces nos falta recordar quiénes somos cooperativistas y quiénes no lo son, y a quién no debemos parecernos”. Afirmó que, a veces, se diluye lo que son las cooperativas y se aplican rótulos que las identifican como un actor testimonial y marginal en un mundo naturalmente dominado por el capitalismo, lo que confunde a los propios cooperativistas que no llegan a percibirse como lo que son: una modelo alternativo real. Afirmó que las cooperativas deben hacer buenos negocios, y de hecho los hacen, pero que su verdadero “negocio” es la gente, lo que no debe perderse de vista sino, por el contrario, reafirmarse como su verdadera identidad. Para reafirmar este concepto citó el concepto del “factor C” propuesto por el chileno Luis Razeto, quien descubrió que el éxito de los emprendimientos de las pequeñas organizaciones comunitarias se basa en la “fuerza de la solidaridad”, que es lo que las convierte en viables y eficientes, en términos de atender las verdaderas necesidades de esas comunidades y no como una medida comparativa y competitiva con otros tipos de “eficiencia”. “En las cooperativas y en las demás formas de la economía social solidaria lo fundamental es el factor humano que dinamiza el resto de los factores económicos”, sostuvo Salcedo.

Para caracterizar a la economía social solidaria, Salcedo recurrió al pensamiento del economista argentino José Luis Coraggio, quien la define como un modo de “hacer economía” que organiza de manera asociativa la producción, distribución, circulación y consumo de bienes y servicios, atendiendo a la resolución de necesidades y no al lucro, colaborando con otras comunidades para mejorar la calidad de vida de sus integrantes y de la comunidad en que están inmersas, y asumiendo con responsabilidad el manejo de los recursos naturales, de modo de atender también las necesidades de las generaciones futuras, y sin explotar el trabajo ajeno.

Señaló que, imitando al capitalismo, en ocasiones las cooperativas caen en la trampa de concentrar el poder y los recursos, lo que las lleva, cada vez más, a crear grupos económicos cooperativos muy poderosos que, según Salcedo, son “contra-natura” de lo que verdaderamente es el cooperativismo. Citó el ejemplo de las cajas populares en España, que surgieron imitando el modelo capitalista de concentración y “hoy se están destruyendo o fusionando”, porque, emulando al capitalismo, abandonaron el concepto de “construcción para la gente y con la gente”. Insistió, entonces, en que no debe olvidarse que la economía social solidaria y es parte del mundo pero que tiene diferencias con los otros actores con los que comparte ese mundo.

Citando nuevamente a Coraggio, Salcedo destacó que la acción de la economía social solidaria desarrolla su práctica en tres niveles. En el primero de ellos trabaja a nivel macroeconómico donde se mantiene como paradigma, de modo más o menos explícito, a las empresas basadas en el capital, especialmente en términos de resultados económicos y financieros, y sin apartarse de la cultura del mercado. De todas maneras, para que se trate de auténticos procesos de empresa solidaria deben estar presentes de alguna manera otros factores no-monetarios en la gestión aunque no sean los más valiosos en ese primer nivel, como “la gente, la felicidad, la plenitud, la amistad, la cooperación”. Luego, existe un segundo nivel orientado a crear un sector orgánico de economía social solidaria que conviva con la economía empresarial y pública. Este nivel “es fundamental para la emergencia de actores sociales colectivos a partir de la articulación de prácticas, necesidades y demandas económicas que surgen a nivel micro, pero aún se focaliza en la resolución de las necesidades de grupos particulares”. Según Salcedo, en este segundo nivel es donde se encuentran la mayoría de las empresas cooperativas exitosas, que tienen un desempeño muy destacado en el mundo de los negocios, lo que no debería hacerles olvidar los fines para las que fueron creadas. “Muchos líderes de nuestro sector se pasan la mayor parte del tiempo dando la lucha en los aspectos empresariales del negocio, porque allí es donde es necesario estar, pero ese no es el escenario donde nacimos, que es con la gente, para seguir haciendo negocios con sentido solidario y no con sentido capitalista”, señaló. Finalmente, hay un tercer nivel en el que, según algunos, existe una gran distancia entre el cooperativismo y la economía solidaria. La lógica de este nivel no pretender abolir las formas empresariales capitalistas, pero busca limitar su accionar irresponsable y superar su sistema cultural. “No se limita a la administración de lo existente sino a la búsqueda de una transformación estructural”. “Este nivel tiene un propósito superior, estratégico y deliberadamente político, que no es otra cosa que el objetivo con el que nacen las cooperativas. Se trata de tener una real alternativa para la gente que confía en nosotros”, afirmó Salcedo. “No tenemos que convencer a los políticos de lo buenas que son nuestras empresas porque ellos ya lo saben, tenemos que ser políticos para que ellos se convenzan”, sentenció.

Puso el ejemplo de dos leyes de países de la región que establecen claramente cuál es el papel de la economía popular y solidaria, la Ley 454/99 de Colombia, que establece que la economía solidaria es un sistema socioeconómico “para el desarrollo integral del ser humano como sujeto, actor y fin de la economía” y la Ley Economía Popular y Solidaria de Ecuador que define a la economía solidaria como una forma organizativa económica “para satisfacer necesidades y generar ingresos, basadas en relaciones de solidaridad, cooperación y reciprocidad, privilegiando al trabajo y al ser humano como sujeto y fin de su actividad, orientada al buen vivir, en armonía con la naturaleza, por sobre la apropiación, el lucro y la acumulación de capital”. Destacó Salcedo que estos dos textos indican claramente cuál es nuestro mandato: ser un movimiento transformador, uno de los componentes que le aporta la economía solidaria al cooperativismo. “La economía solidaria no compite con el cooperativismo, sino que le recuerda que tiene una misión transformadora”.

Sugirió que la Alianza Cooperativa Internacional debería replantearse su estructura piramidal que “ubica a unos poquitos arriba y a todos los demás debajo” para lo que es importante el aporte de la economía solidaria que, según Salcedo, “refresca y complementa al cooperativismo”. “El cooperativismo no es el hermano mayor de la economía solidaria”, sino que todas los demás formas de economía solidaria “son nuestros pares y nuestros cómplices”, subrayó. Utilizando un breve video como metáfora, en el que una niña mexicana -que representaría a la economía solidaria-, increpa a un alto funcionario -que representaría al cooperativismo y que, en un acto público, anuncia la entrega de libros para que los niños puedan aprender y luego les pregunta si los van a “ler” (sic)-, indicándole que la forma correcta de pronunciar la palabra es “leer”. “Eso es la economía solidaria: alguien que quiere que el cooperativismo vuelva a leer”, culminó diciendo Salcedo.

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