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Finaliza el Año Internacional de los Bosques con balances divergentes

29 de noviembre de 2011

Al finalizar el 2011 Año Internacional de los Bosques, diversas organizaciones e instituciones realizan un balance de los logros alcanzados. En la FAO se manifiestan entusiastas mientras voces críticas cuestionan los efectos de la expansión monoforestal comercial. Las cifras en América Latina no son alentadoras.

El subdirector general de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Eduardo Rojas, hizo recientemente un balance positivo del Año Internacional de los Bosques, que está por terminar.

Rojas destacó en Madrid la importancia que esta celebración ha tenido "para poner en relevancia la contribución de los bosques al bienestar de la sociedad, aliviando la pobreza, paliando el cambiando climático y contribuyendo a la preservación de la biodiversidad".

El subdirector general de la FAO ha destacado que el balance final del año "no puede ser más positivo a pesar de las dificultades económicas que han atravesado algunos países del sur de Europa" y que han dificultado la puesta en marcha de algunos proyectos.

El representante de la FAO ha declarado, en este sentido, que es necesario que "se ponga el centro de atención en las personas y en las pequeñas comunidades locales que gestionan los bosques".
Eduardo Rojas también ha recordado que se requiere una atención persistente en el tiempo en lo que respecta a la gestión forestal y que la lucha a favor de estos ecosistemas "no puede ser sólo una cuestión de doce meses".

Prueba de lo anterior es que la tasa de deforestación en América Latina se mantiene alta, como se concluye del libro Situación de los Bosques del Mundo, presentado por la FAO al acercarse el cierre del Año Internacional de los Bosques. La principal causa de deforestación en la región es la conversión de tierras forestales a la agricultura y la urbanización.

América Latina y el Caribe forman una región con abundantes recursos forestales. Según señala la FAO, en 2010 casi el 49 por ciento de la superficie total de la región estaba cubierta por bosques. Con una estimación de 891 millones de hectáreas, representa en torno al 22 por ciento del área de bosque existente en el mundo.

Sin embargo, el informe de FAO indica que en los últimos años el área de bosque siguió reduciéndose en América Central y América del Sur. Además, la región alberga el 57 por ciento de los bosques primarios del mundo y su mayoría se encuentra en áreas inaccesibles o protegidas.

La FAO señaló que se produjo una importante pérdida de bosque primario fuera de las áreas protegidas, sobre todo en América del Sur. Aunque el área de bosque designada para funciones productivas disminuyó a escala mundial, aumentó en América Latina y el Caribe, sobre todo en América del Sur.

Las plantaciones forestales no son bosques

Sin embargo, en el ámbito de los movimientos sociales internacionales hay un fuerte cuestionamiento a la definición “oficial” de lo que es un bosque por sus consecuencias en las políticas nacionales e internacionales.

La FAO tiene una amplia definición que incluye hasta las plantaciones industriales con árboles clonados, según denuncian ambientalistas.

Para diversas organizaciones sociales y ONGs, las plantaciones son “desiertos verdes” por ser monocultivos que afectan la biodiversidad y son cultivados a expensas de auténticos bosques y tierras campesinas.

Dichas organizaciones, agrupadas en el Movimiento Mundial por los Bosques (WRM por sus siglas en inglés) realizan una campaña internacional para que la FAO y las Naciones Unidas, cambien esa definición de bosque.

El Movimiento presentó una carta abierta a la FAO con firmas de personalidades del mundo científico y profesional relacionado al estudio de la naturaleza. En su sitio web dispone de diversos materiales de campaña, incluyendo un estudio sobre el impacto de los monocultivos de bosques en las mujeres.

Además, las organizaciones Amigos de la Tierra y Vía Campesina manifestaron fuertes cuestionamientos a la expansión de las plantaciones forestales y, en particular, a los mecanismos de créditos de carbono que se crearon en el marco del Protocolo de Kioto sobre Cambio Climático. Estas organizaciones están activas en América del Sur en contra de las plantaciones para pulpa de papel y plantaciones para madera en centroamérica.

También se cuestiona la eficacia del régimen principal de bosques de la ONU conocido como REDD+ (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de Bosques). Este mecanismo, en opinión de la Coalición Forestal Global (GFC, sus siglas en inglés), no aborda las causas subyacentes de la deforestación por lo que se puede reducir la tala en áreas protegidas pero luego es dirigida hacia áreas de bosques no protegidas.

Estas organizaciones demandan que los bosques permanezcan al cuidado de las personas que de ellos dependen y sus organizaciones, en particular los pueblos indígenas, organizaciones rurales de mujeres y mixtas que promuevan el manejo social y comunitario de los bosques así como su restauración. También piden controles a la tala ilegal y el comercio relacionado a la misma y una moratoria inmediata a la deforestación.

En contraste, la organización conservacionista WWF avala las iniciativas mediante las cuales las naciones desarrolladas paguen a los países en desarrollo por no talar bosques, por lo que insiste que los gobiernos deben otorgar el financiamiento para el mecanismo REDD+. Esta organización pide a los líderes del mundo respaldar una ambiciosa meta de llegar al año 2020 con cero pérdidas de bosque.

WWF estima que se puede alcanzar esa meta con mejoras en la gobernanza sobre bosques y planes de uso del suelo, legislación reforzada, mejores sistemas de tenencia de la tierra y mayor demanda de productos agrícolas y forestales sostenibles.

La agencia noticiosa Púlsar preparó un reportaje sonoro disponible en Internet, consultando a varias personas de diversos