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Las cooperativas, una manera de preservar el cine de barrio en España

16 de enero de 2017

Crece el número de cines que optan por una gestión cooperativa en España. Sus impulsores recuperan salas de barrio cerradas o con dificultades para seguir adelante. Para ello, cuentan con mecanismos de financiación colectiva y la ayuda de voluntarios, que participan en la toma de decisiones.

Los cines cooperativos son una realidad en España. Desde hace unos años, estos proyectos recuperan cines cerrados o con problemas para seguir adelante. El objetivo es recuperar salas de barrio con la gestión colectiva, fomentando la participación de socios y voluntarios en la toma de decisiones; estimulando la relación con el barrio. Las contribuciones de los socios, además, suponen una fuente de ingresos estable, a complementar con actividades como la venta de entradas y el alquiler de espacios.

CineCiutat, que recuperó los cines Renoir de Palma de Mallorca en 2012, es una de las veteranas del sector. Sin embargo, es posible encontrar otras iniciativas en ciudades como Valencia, Majadahonda o Barcelona. Según Borja de Benito, portavoz de la Federación de Cines de España, estos representan una pequeña parte de la oferta cinematográfica del país -no hay datos de su peso sobre la recaudación total-. “Su potencial es limitado. Necesitan unas condiciones específicas para funcionar. Se trata de cines pequeños, porque los más grandes son más costosos. Para uno de entre 10 y 12 pantallas necesitas una cierta cantidad de gente. Y la gobernanza se hace más complicada”, asegura De Benito.

Aunque estas instalaciones distan de los grandes multicines, hay una gran variedad de modelos. Si los cines Zoco de Majadahona cuenta con cuatro salas -y en la más grande de ellas hay 195 butacas-, Zumzeig apuesta en Barcelona por una sola, con capacidad para 73 personas. Esto influye en el tamaño del proyecto cooperativo: CineCiutat, en Palma de Mallorca, cuenta con "entre 1.000 y 1.300 socios”, explica David Castelo, secretario de la organización. Un número parecido al de Majahonda. Zumzeig, por su parte, cuenta con 260.

Se trata de proyectos sin ánimo de lucro. Aunque las campañas de crowdfunding han ayudado a que muchas de estas iniciativas empezaran su andadura, buena parte de la financiación que necesitan proviene de contribuciones periódicas de los socios. Con estas y otras fuentes de ingresos se suelen mantener cerca, o al filo de los números negros. En el caso de los cines Zoco, los socios “suponen aproximadamente el 50%”, explica Gabriel Rodríguez, su presidente: “Si queremos que el cine siga adelante, tenemos que conseguir una masa social. En nuestro caso, esta era de entre 1.100 y 1.200 socios [actualmente son 1.060]. Si se consigue perpetuar, las aportaciones de los socios bastan para equilibrar el balance y compensar el déficit de taquilla”.

Salas participativas y vinculadas al barrio

Estos proyectos combinan la apuesta por el cine independiente y en versión original con otras actividades, en las que participen socios y vecindario. El objetivo es ir más allá de la relación pasiva entre espectador y pantalla, convirtiendo el cine en un centro social. Por este motivo, es habitual acoger visitas escolares u ofrecer salas en alquiler. También lo es organizar festivales de cine o debates alrededor de una película. En los cines Zoco “una comisión [de socios] se encarga de organizar eventos en los que directores y actores muestran sus películas”, explica Rodríguez. CineCiutat cuenta con un centenar de voluntarios, que participan en comisiones de programación, de comunicación o de organización de eventos.

Zumzeig cuenta con una persona encargada de entablar relaciones con el distrito de Sants-Montjuïc, en Barcelona. El objetivo es hacer del cine “un punto de encuentro para la gente” de la zona, explica Javier Rueda, su responsable de legalidad, finanzas y comunicación: “Tenemos una zona de lectura e intercambio de libros, y estamos haciendo un montón de colaboraciones y convenios con otras cooperativas de Sants. Queremos llegar a los vecinos a través de ellas, y los medios de comunicación del distrito.

En muchos de estos proyectos, también ha ayudado que el propietario original del cine simpatice con la idea de mantenerlo. “Enrique González Macho [propietario de los cines Renoir] nos ha apoyado muchísimo. Está encantado de que haya otras personas que puedan mantener el cine”, asegura Rodríguez.

¿Qué puede hacer (o no) un cine cooperativo?

La gestión cooperativa también tiene sus limitaciones, más allá del tamaño. Aunque los cines cuentan con personal técnico para su labor diaria, “lleva tiempo y esfuerzo resolver discrepancias”, explica Castelo. El 14 de enero su cooperativa se reúne una asamblea extraordinaria para escoger una nueva junta directiva, después que las candidaturas que se habían presentado se retiraran. “Tuvimos una serie de discrepancias sobre el marco electoral, nunca había pasado que se suspendieran las elecciones. En todas las casas pasa esto, al final nos hará más fuertes”, vaticina.

Fuente: Bez

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