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Los altos precios de alimentos tienen efectos diferenciados en América Latina

5 de abril de 2011

Según el Fondo Monetario, los altos precios internacionales llegaron para quedarse. Para el Banco Mundial, esto perjudica a países con dependencia alimentaria y tiene beneficios a países agroexportadoras. Otros organismos plantean la necesidad de cambios sustanciales en diversos órdenes, más que medidas paliativas o de oportunidad.

Diversas organizaciones se han manifestado recientemente a raíz de dicho incremento de precios.

En febrero de este año, el Banco Mundial lanzó una alerta sobre el precio de los alimentos a nivel global. Según los registros de dicho organismo, el índice aumentó en 15% entre octubre de 2010 y enero 2011, a solo 3 puntos porcentuales del máximo alcanzado en 2008.

El maíz, un producto fundamental en América y otras partes del mundo, ha subido de precio bruscamente y las perspectivas de alivio dependen en parte del volumen de producción en América Latina, especialmente de Argentina, donde el fenómeno de La Niña está provocando sequías inusuales. En este país y en Brasil tuvieron los aumentos de precio de maíz más notorios, por 40% y 56% respectivamente.

El precio del azúcar y de los aceites comestibles también se incrementó bruscamente. El azúcar subió 73% desde junio de 2010.

El Fondo Monetario Internacional y organismos independientes también han publicado sus estudios recientemente. Todas coinciden en que la crisis de precios golpea particularmente a los países pobres, dependientes de las importaciones alimenticias, y a las familias más pobres en cada país.

También señalan consecuencias políticas. Para el Fondo Monetario Internacional hay una relación entre el alza en los precios alimenticios y las tensiones políticas recientes en Medio Oriente y el norte de Africa. El Worldwatch Institute anota que en éstos últimos los gastos para alimentos superan el 80% de los ingresos y en Egipto, un líder mundial en la importación de trigo, el aumento de 70% en el precio del cereal ayudó a disparar la onda de protestas que sacudió al país.

Las diferencias de enfoque son más notorias en las medidas que proponen para hacer frente a la situación.

Los alimentos tendrán precios altos por mucho tiempo, dice FMI

El FMI prevé que los precios de los alimentos en el comercio internacional permanecerán altos por mucho tiempo. Si bien las alzas recientes obedecen a factores temporales, el aumento de la demanda alimenticia se debe a cambios estructurales e irreversibles en la economía mundial, según el FMI. Por eso, se puede esperar que la estabilización de la oferta alimenticia vaya a tomar varios años.

La tendencia alcista viene del lado de la demanda, según el FMI. Esta tendencia puede deberse sobre todo a que los consumidores en los países en desarrollo están enriqueciendo y cambiando su dieta: recurren más a alimentos de alto contenido proteínico como carne, lácteos, aceites comestibles, frutas y verduras y pescado. En todos estos casos, cuanto más gana la gente, mayor es la demanda de estos alimentos, mientras el consumo de cereales es más lento o incluso negativo. Sin embargo, los cereales son utilizados para engordar el ganado, lo que hace crecer la demanda aunque disminuya el consumo humano.

Tales cambios alimenticios incrementa la demanda de recursos agrícolas escasos, dice el Fondo Monetario. Por ejemplo, quizá se dediquen más hectáreas al pastoreo que a la siembra, y más cultivos a la alimentación de animales. Por eso las economías en desarrollo representan unos tres cuartos del crecimiento total de la demanda mundial de los principales cultivos desde inicios de la década de 2000.

Según el FMI, es posible que haya una mayor escasez mundial de insumos claves para la producción, como tierra, agua y energía, que quizá podría contrarrestarse con tecnología y mejores rendimientos de los cultivos.

Los altos precios del petróleo también inciden en el costo de los alimentos de manera directa, porque se utiliza en la producción de insumos, como fertilizantes, y en todo el ciclo de producción, desde la siembra hasta la distribución.

Hay otros factores que enlista el FMI. En los últimos diez años, la productividad mundial (volumen por hectárea) ha disminuido en el caso del arroz y el trigo y se ha estancado en las del maíz y la soya.

El Programa Foresight, con sede en Londres, también estudia el tema. El informe Global Food and Farming Futures indica que la amenaza del hambre en el mundo podría aumentar. Los esfuerzos para ponerle fin se encuentran estancados y, si no se toman acciones decisivas, los precios de los alimentos podrían incrementarse sustancialmente en los próximos 40 años. Ello tendrá impacto en conflictos sociales, migración y el crecimiento económico.

“El estudio muestra que el sistema alimentario está fallando en al menos dos vías. Primero, es un sistema insostenible, cuyos recursos están siendo usados más rápido que lo que la naturaleza puede responder. Segundo, un billón de personas sufre de hambre con otro billón padece de ‘hambre oculta’, mientras un billón más de personas están consumiendo en exceso”, declaró el Profesor Sir John Beddington, del Programa Foresight.

Habrá países ganadores y perdedores en América Latina, según BM

Según el Banco Mundial, para América Latina el incremento desmedido de precios podría significar el “fantasma de una nueva crisis alimentaria” para algunos países y “ganancias extraordinarias” para la mayoría. Así se desprende de su informe “Vulnerabilidad de los incrementos de precios de alimentos en Latinoamérica y el Caribe”.

El maíz, el aceite de soja y el aceite de palma registran los mayores aumentos – más de 7 por ciento por mes durante el período septiembre-noviembre de 2010. El oro, azúcar, cobre y café experimentaron aumentos de más de 5 por ciento por mes durante el mismo período, mejorando de manera dramática los términos de intercambio de aquellos países sudamericanos que dependen fuertemente de la exportación de alimentos y minerales, como Chile, Perú, Colombia, Brasil y los países del Cono Sur.

Excluidos de esta bonanza quedan partes de América Central y el Caribe, donde el análisis del Banco Mundial encuentra varios países altamente vulnerables a una potencial crisis alimentaria debido a su extrema dependencia de la importación de alimentos, junto a una elevada tasa de pobreza y limitadas exportaciones de materias primas. Dichos países incluyen: El Salvador, Haití, Granada, Jamaica, Surinam, San Vicente y las Granadinas, México, Guatemala, Nicaragua, Guyana y Belice.

El impacto del aumento en el precio de los alimentos sobre los más vulnerables puede ser devastador, de acuerdo al informe, que indica que el número de pobres se incrementó en 44 millones desde junio de 2010, luego de la escalada del precio de los alimentos.

“El alza del precio de los alimentos podría suponer una amenaza al nivel nutricional y el bienestar de algunos sectores vulnerables de la población regional. La inflación de precios alimenticios tiene un efecto perjudicial sobre los consumidores, en especial los pobres urbanos, quienes gastan una proporción mayor de su ingreso en alimentos y no lo obtienen de la agricultura”, indica el informe.

El 93 por ciento de la población latinoamericana vive en países exportadores de alimentos, por lo que se puede beneficiar del aumento de los precios.

"Pero América Latina es también una región muy urbana. El 70 por ciento (de la población) vive en las ciudades, y esa gente también sufrirá el impacto del aumento de precios", explicó Pamela Cox, vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina en una entrevista con periodistas.

América Latina podría ser parte de la solución, dice el BM

América Latina, con 28 por ciento de la superficie potencialmente arable de la Tierra, puede ser parte de la solución al problema del alza de precios de los alimentos, según un informe del Banco Mundial dado a conocer este sábado. En este nuevo informe titulado “Alza de precios de los alimentos: Respuestas de América Latina y el Caribe a una nueva normalidad”, el organismo pone el acento en la disponibilidad de tierra arable y otros bienes naturales en el subcontinente y la posibilidad de incrementar la producción alimenticia.

"De los 445.6 millones de hectáreas de tierra en el mundo entero que podrían ser utilizadas para una expansión sostenible de áreas de cultivo, unos 123.3 millones (28 por ciento) se halla en América Latina", explica el informe.

Solamente África tiene más tierra cultivable, 45 por ciento del total mundial, y únicamente Australia y Nueva Zelanda superan a América Latina en recursos hidráulicos renovables per cápita, recordó el informe.

"América Latina no ha alcanzado sus límites (de producción), pueden hacer aún mucho para aumentar su producción, tiene mucha agua... Hay un gran potencial para seguir alimentando al mundo", explicó Pamela Cox, del Banco Mundial.

Las principales potencias exportadoras de la región, Brasil, Argentina, Uruguay y México tienen un buen nivel de desarrollo tecnológico, suficiente para dar un nuevo salto productivo.

América Latina representaba en 2009 el 14 por ciento del total de exportaciones agrícolas del mundo, según los cálculos del Banco Mundial. El 52 por ciento de la soja que se vende en el mundo se produce en la región, 44 por ciento de la carne, 70 de plátanos, 45 de café y 45 de azúcar.

Pero el sector sufre también de obstáculos para su desarrollo, como su falta de infraestructura, la mediocridad de sus transportes y la baja productividad. Eso tiene también un impacto a la hora de importar comida, como sucede en América Central.

En esta región, Carlos Felipe Jaramillo –recientemente nombrado director del Banco Mundial- habló ante funcionarios de gobierno y personas de negocios sobre su temor a que se esté gestando una crisis alimentaria en la región y de las herramientas disponibles para abordarla, en particular una mayor inversión para la investigación de nuevas tecnologías agrícolas, que ha sido muy baja en los últimos tiempos.

“Esto asegurará que la región amplíe su capacidad de alimentarse a sí misma de mejor manera”, dijo Jaramillo.

Manejar la crisis alimentaria

El Banco Mundial propone una combinación de respuestas sociales y fiscales para manejar el riesgo de la crisis alimentaria en América Latina, basado en la experiencia de la crisis de 2007/2008. Sin embargo, se advirtió que no existe un modelo único para responder al aumento en el precio de los alimentos y sus consecuencias potencialmente devastadoras.

Augusto de la Torre, economista en jefe de dicho organismo para la región, indicó que “la crisis anterior puso de manifiesto la importancia de seguir fortaleciendo las redes de protección para los pobres de la región”. El experto agregó que “los instrumentos utilizados en 2008 pueden volver a utilizarse, incluyendo líneas de crédito contingente (DDO) y derivados tales como canjes y contratos a futuro que pueden ayudar a garantizar el acceso a precios alimenticios a niveles determinados”.

Resumiendo las diferentes formas en que el Banco puede ayudar, de la Torre ofreció las siguientes sugerencias:

Respuesta inmediata:

- Respaldo financiero de emergencia y potencialmente incrementar programas existentes.
- Ampliación del respaldo financiero a programas de transferencia de efectivo sin comprometer la eficiencia.
- Acelerar los desembolsos de préstamos existentes como forma de prestar financiamiento de emergencia.
- El instrumento DDO (líneas de crédito contingente) y los derivados de materias primas pueden proporcionar una línea de crédito contingente y cobertura financiera, respectivamente, en caso de presión futura sobre las finanzas públicas.

Respuesta de mediano y largo plazo:

- Desarrollo adicional de programas e instrumentos sustentables.
- Ayudar a que los gobiernos incorporen estrategias de gestión de riesgos en sus políticas alimentarias – tal como seguros ante catástrofes en caso de sequías, inundaciones, etc.
- Mejorar las respuestas para así aumentar la oferta a través de programas de desarrollo y medidas que busquen mejorar la productividad agrícola y la competitividad.
- Préstamos para mejorar la productividad agrícola y así aumentar los rindes, reducir las pérdidas durante la cosecha, adoptar mejores tecnologías y prácticas productivas, y mejorar los vínculos con los mercados.

Por separado, Pamela Cox, del mismo Banco Mundial, también se refirió a las transferencias de dinero a las familias más pobres, así como la eliminación de tarifas a la importación de alimentos. “Lo que no estamos recomendando son los subsidios alimenticios. Son caros y acostumbran a no funcionar”, señaló Cox.

Una revolución en las variedades locales

Una “revolución de los verdes” (parodiando la revolución verde) e innovaciones en la producción local diversificada se necesita para frenar la crisis de precios, según información del proyecto Nourishing the Planet, del World Watch Institute.

Las soluciones a la crisis de los precios no vendrán necesariamente de producir más alimentos, sino de escuchar a los productores y productoras, invertir en cultivos locales y cambiar cómo se procesan y comercializan los alimentos, dijo Danielle Nierenbert, codirectora del proyecto Nourishing the Planet, de dicha organización.

El informe está basado en investigaciones de campo realizadas durante 15 meses en 25 países de Africa Sub-sahariana, destacando historias exitosas y esperanzadoras. El proyecto trae a colación cientos de soluciones sostenibles para reducir el hambre y la pobreza.

Investigar en el desarrollo agrícola, especialmente en variedades locales, puede ayudar a alimentar comunidades rurales, redescubriendo y vitalizando dietas tradicionales, a la vez que fortalecien su resilencia a las crisis de precios y ayudan a las personas a proteger la diversidad y mitigar los impactos del cambio climático, anotó Worldwatch.

El Informe ofrece tres principales recomendaciones de política para impulsar el interés y disponibilidad mundial de variedades locales:

- escuchar a la gente: realizar actividades conjuntas entre agricultores/as, consumidores/as, personeros de negocios y comuniades, para identificar las mejores variedades locales de alimentos, por su crecimiento, sabor, aceptación en los mercados locales,
- obtener semillas para quienes las cultivan: después de desarrollar variedades de tomate con piel más gruesa, el cultivo fue menos vulnerable a plagas y los ingresos crecieron cerca del 40%,
- asumir las ventajas de lo local: después de haber sido rechazadas por décadas, las variedades locales están ganando creciente atención debido a su tolerancia a la sequía y la resistencia a plagas.

Según Worldwatch Institute, estas revoluciones a pequeña escala merecen mayor atención de las comunidades de donantes y financiamiento global.

El citado informe del Programa Foresight, The future of food and farming, plantea la necesidad de rediseñar el sistema alimentario global hacia una etapa centrada en la sustentabilidad, incluyendo cambios en áreas relacionadas tales como el uso del agua y la energía y hacer frente al cambio climático.

Fuentes:
http://www.bis.gov.uk/foresight (nota lanzada el 24 de enero de 2011)
http://web.worldbank.org (nota del 16 de febrero 2011)
http://www.worldwatch.org (nota de prensa del 23 de marzo 2011)
http://www.jornada.unam.mx (edición del 24 de marzo 2011)

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