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Los océanos y el potencial cooperativo para su preservación

8 de junio de 2011

ACI-Américas se une a la celebración del Día Mundial de los Océanos, este 8 de junio, con una nota informativa y de reflexión sobre el potencial del cooperativismo para el desarrollo sostenible en los mares.

En muchas partes del mundo las cooperativas de pesca son una importante forma de trabajo y generación de medios de vida para muchas familias. En América Latina es necesario más visibilización de las cooperativas de pesca y, en general, aquellas vinculadas a la vida marina. Sin duda, muchas de ellas son empresas de pequeña escala, con tecnologías artesanales y quizás no han articulado organismos de integración.

Varios factores limitan la sostenibilidad de las cooperativas pesqueras: la caída de los volúmenes, el aumento en los costos de producción mientras hay importaciones de bajo precio, el difícil acceso a financiamiento, la dependencia de intermediarios, el crecimiento de la industria turística en las costas. El cambio climático trae consigo cuestiones emergentes (ver adelante), sumados a la ausencia de políticas de pesca y comercio del producto en varios países latinoamericanos. En ocasiones, también afecta el establecimiento de parques marinos sin consulta a la población local.

Tal vez por eso no es extraño que globalmente haya una tendencia al aumento en la acuacultura, que en el año 2009 llegó a las máximas cifras registradas (145.1 millones de toneladas). Mientras tanto, los stocks de pesca marina se mantienen en declive, como se aprecia en el gráfico.

La acuacultura tuvo un crecimiento anual de 4.5%, una tasa mayor que la captura marina que solo creció 0.22% de 2008 a 2009, según datos del Worldwatch Institute (basado en cifras de FAO). Las proyecciones para 2010 estiman que se alcanzará la cifra global de 147 millones de toneladas.

Las cooperativas vinculadas a la vida marina heredan importantes tradiciones milenarias que integran tecnologías apropiadas para la sustentabilidad del ecosistema. Sin embargo, la creciente demanda global de productos marinos y los cambios tecnológicos impulsan la explotación más allá de la capacidad sostenible en muchas partes del mundo.

En Costa Rica, la Cooperativa de Pescadores de Tárcoles (Coopetárcoles) está ubicada en la costa pacífica en una zona ecológica y socialmente vulnerable, donde recibe las aguas del río Grande de Tárcoles (con fama de ser el río más contaminado de Centroamérica). Con apoyo de la cooperativa de servicios profesionales Coopesolidar, Coopetárcoles propuso una zonificación para la pesca responsable, sujeta a regulaciones nacionales y voluntarias. Este ejemplo muestra que las cooperativas de pesca, por los intereses de su membresía y sus comunidades, pueden ser voceras de un desarrollo oceánico sostenible.

Los océanos y el cambio climático

Según plantean varios investigadores e instituciones en el informe “Blue carbon: the role of healthy oceans in binding carbon”, los océanos y ecosistemas marinos juegan un rol crucial en el mantenimiento del clima del globo.

Uno de los aspectos clave es mantener o mejorar la habilidad de los océanos para absorber y fijar CO2, en una estrategia de mitigación del impacto del cambio. Evidentemente, también se valoriza la importancia de reducir la degradación de los ecosistemas marinos y costeros, en estrategias de adaptación al calentamiento global.

Los principales hallazgos del informe se sintetizan en los siguientes puntos:

- los océanos juegan un rol significativo en el ciclo global del carbono. No sólo representan el mayor sumidero a largo plazo, sino que también almacenan y redistribuyen CO2
- con un manejo apropiado, estos sumideros tienen el potencial de jugar un importante rol en la mitigación del cambio climático,
- la mayor responsabilidad en la degradación de los ecosistemas marinos y costeros recae en el mal manejo de cuencas, malas prácticas de desarrollo costero y la mala gestión de las aguas residuales,
- la protección y restauración de las zonas costeras daría múltiples beneficios a la salud, la productividad del trabajo y la seguridad alimentaria de las comunidades locales.

La mitigación y la reducción de elementos contaminantes deben ser vistas como una inversión, antes que un costo, concluye el informe.

El caso de los arrecifes de coral y algunos problemas emergentes

El cambio climático en América Latina agudiza los riesgos y problemas emergentes que afectan la biodiversidad marina. Un estudio de William J. Sutherland de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y 22 colaboradores, publicado por la revista Trends in Ecology and Evolution y reseñado por CLAES menciona los siguientes temas emergentes, entre otros:

-  residuos de nanoplata en aguas de desecho , que potencialmente entran al ambiente acuático por múltiples vías y se acumulan en sedimentos. Aunque su impacto sobre la biodiversidad es desconocido, estos residuos pueden matar especies nitrificantes;
- desoxigenación oceánica. La disminución de oxigeno disuelto está registrada en el Golfo de México, y se sospecha también en sitios costeros inmediatamente adyacentes a cursos de descarga de contaminantes. Existen unas 200 “zonas muertas” en los océanos del mundo, que son resultado, entre otros factores, del creciente empleo de fertilizantes en regiones cercanas a las costas. Su impacto no está evaluado, pero tendría probables efectos nocivos en la estructura y productividad del ecosistema oceánico (ver mapa);
- cambios en el ciclo del nitrógeno. Se trata de cambios en bacterias desnitrificantes por sedimentos de algunos estuarios y plataformas costeras que fijan nitrógeno en vez de liberarlo. Potencialmente conducen a la acidificación oceánica o acumulación de óxido nítrico.

Más ampliamente, los arrecifes coralinos también están bajo amenaza. Los arrecifes de coral protegen a las poblaciones humanas a lo largo de las zonas costeras de la acción de las olas y de los daños provocados por las tormentas y el 90% de las especies marinas dependen de ellos.

Sin embargo, se prevé que para el año 2050 todos los arrecifes estarán en peligro. El 75% de los arrecifes del Caribe están en alerta roja, incluyendo los de la región de Florida, Haití y Jamaica. En Australia el índice llega a 85% y en el sudeste asiático es de 95%.

Los datos fueron revelados por un estudio liderado por el World Resources Institute en colaboración con 25 entidades de investigación. La sobrepesca, la sequía, la contaminación y la acidificación de los océanos, debido al aumento en la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, están entre los principales factores de amenaza de los corales. Claramente, lo más destacado es el vertido de desechos sólidos a ríos y océanos: más de 13.000 piezas de basura plástica flotan ahora en cada kilómetro cuadrado de los océanos del mundo (según PNUMA).

Si no se hace nada, a mediados de siglo solamente el 15% de los ecosistemas de coral estarán en condiciones favorables para su desarrollo, según el informe.

Para los arrecifes de coral esto no es irreversible, pues son muy resistentes a las condiciones adversas y pueden mantener un cierto nivel de resiliencia si se controlan los factores de presión. Para las cuestiones emergentes se requieren cambios profundos en la forma en que se produce y consume globalmente.

Las algas marinas, alternativas relativas

Las algas, organismos vivientes en agua marina o agua dulce, son organismos con capacidad de fotosíntesis para fijar CO2, uno de los gases responsables del calentamiento global. También son capaces de remover nutrimentos de aguas residuales o lagunas de oxidación. Por eso captan la atención de varios centros de investigación en el mundo. En la Universidad de Costa Rica se está trabajando para identificar especies nativas con potencial para aplicaciones en biotecnológica.

En China, la firma ENN Group lleva a cabo un proyecto de riesgo compartido con Duke Energy, una importante empresa de servicios públicos norteamericana. Allí, realizan investigaciones para desarrollar biodiesel a base de algas y aceite comestible, según reportó la periodista Mark Sommer. Además, las algas serían la base para bioplásticos o plástico biodegradable.

Las investigaciones se realizan en ambientes controlados. Según Sommer, la marina de guerra de los Estados Unidos ya tiene planes de utilizar este biocombustible en mezcla con combustible naval en un Grupo de Combate Verde para el año 2012 y una Gran Flota Verde en 2016. Incluso, abriga la esperanza de que las comunidades locales puedan cultivar granjas municipales de algas como nuevas fuentes de ingreso y combustibles para sus máquinas y motores.

Fuentes consultadas: www.ambiental.net, www.coopetarcoles.org,
www.grida.no, www.pagina12.com.br, www.semanario.ucr.ac.cr,
www.tierramerica.net

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