Homepage

Espacios privados
Acceso a áreas privadas

Inicio Actualidad y noticias

a+
a
a-

Cooperativas de las Américas: solidaridad y reducción de la vulnerabilidad ante los desastres naturales

12 de octubre de 2011

En el Día Internacional para la Reducción de los Desastres (segundo miércoles de octubre), la ACI-Américas ofrece esta nota recordando la importancia de la solidaridad cooperativa y llamando a la reflexión sobre la necesidad de una gestión de los riesgos naturales, enmarcada en estrategias de desarrollo sostenible.

La solidaridad es uno de los más altos valores del cooperativismo universal. Significa que las cooperativas tienen la responsabilidad de velar por el interés colectivo de sus miembros, afirmando la fuerza colectiva de la autoayuda y de la responsabilidad mutua. En situaciones de desastres, las cooperativas han siempre desplegado la solidaridad más allá de su membresía, por el bien de la humanidad.

Los ejemplos concretos del gran compromiso del movimiento cooperativo en estas causas abundan. La ACI entregó más de USD540.000 donados por sus cooperativas miembros, al Fondo para la Recuperación del Desastre en Japón, para ayudar a la reconstrucción del movimiento cooperativo en dicho país, golpeado por el tsunami, terremoto e incidente nuclear ocurrido el 16 de marzo de 2011.

También, como resultado de la solidaridad de las cooperativas con el pueblo de Haití, damnificado por el terremoto del 12 de enero de 2010, la ACI-Américas participa en un proyecto piloto de construcción de viviendas con un enfoque cooperativo y de ayuda mutua.

En Chile, la cooperativa Coopeuch canalizó la solidaridad del pueblo chileno y de organizaciones cooperativas de América, para la reconstrucción de establecimientos de educación primaria dañados por el terremoto y maremoto del 27 de febrero de 2010. Esta iniciativa se sumó a la donación de la cooperativa y sus colaboradores y colaboradoras para ayudar a la reconstrucción de viviendas.

En Guatemala, un precursor de la Confederación de Federaciones Cooperativas (CONFECOOP) fue el Consejo Nacional de Federaciones de Cooperativas y Fundaciones de Desarrollo, organizado en 1976 ante el terremoto que impactó dicho país ese año.

Además de las acciones de solidaridad, dentro del cooperativismo crece la conciencia acerca de las relaciones entre este tipo de desastres y el calentamiento global, tal como lo expuso Eleuterio Martínez, cooperativista dominicano, en la pasada XVII Conferencia Regional de ACI-Américas.

Haití, Chile, Colombia, México, Perú y Estados Unidos están en las listas de los diez países más afectados en 2010 por desastres naturales (terremotos, inundaciones, deslizamientos principalmente), según un estudio del Centro de Investigación sobre Epidemiología de Desastres. Lamentablemente, Haití ocupa los primeros lugares en víctimas humanas y Chile por la cuantificación económica de daños.

Reducir la vulnerabilidad a los desastres

América Latina y el Caribe es la segunda región del mundo afectada por desastres, lo que torna imperativas las inversiones para reducir los riesgos mejorando las condiciones de vida de la población y los recursos.

En las Américas, en el año 2010 hubo más desastres, más víctimas y mayores daños, comparado con el periodo 2000-2009.

En el año 2000 se reportaron un total de 97 desastres, siendo 75 de ellos de tipo hidrometeorológico tales como las avalanchas, las inundaciones y las tormentas. Ese año, se informó de 5.29 millones de personas afectadas por dichos desastres.

Los eventos hidrometeorológicos están aumentando, si tomamos en cuenta que el promedio fue de 72 en el periodo 2000 -2009.

El impacto de los desastres se aprecia no solo en víctimas letales, sino también en los desplazamientos humanos ocurridos antes (por acciones preventivas) y después de los eventos, cuando las personas se ven forzadas a abandonar sus hogares, sus comunidades y sus pertenencias. En 2010, las Américas registró 8.2 millones de personas desplazadas por desastres (19% del total del año), cifra ocho veces más alta que el año 2009.

De ahí la importancia de reducir la vulnerabilidad ante las amenazas y, en particular, las de índole hidrometeorológicas.

Eso significa orientar las decisiones y prácticas con criterios de gestión de las zonas de impacto, tales como las cuencas hidrográficas y las laderas. Igualmente, reforzar la infraestructura para reducir la fragilidad ante una eventualidad de este tipo. Y, lo que es también muy importante, incrementar la capacidad de resiliencia para que la comunidad humana pueda asimilar o recuperarse frente al impacto de una amenaza.

Además, debemos tomar en cuenta que las amenazas hidrometeorológicas se encuentran estrechamente ligadas al calentamiento planetario. Muchos especialistas sostienen que el cambio climático impulsa los sistemas climáticos, la lluvias e inundaciones y de un modo sin precedentes.

Desastres y relaciones desiguales

Los medios de comunicación generalmente difunden especialmente imágenes de mujeres, niñas, niños y personas adultas mayores sufriendo los efectos de desastres naturales. Es lógico, pues estos grupos son generalmente los más afectados por los desastres.

Sin embargo, no es tan visible el papel fundamental que juegan las mujeres en la preparación, prevención y recuperación en casos de desastres.

Las mujeres cuidan al resto de personas, preparan los alimentos de emergencia, dan los primeros auxilios, atienden emocionalmente a las víctimas, reconstruyen el tejido social familiar y comunal, entre otras importantes tareas en situaciones de desastre.

Por otra parte, los desastres no afectan por igual a toda la población de los países. Los mayores impactos se registran entre las familias empobrecidas del campo y la ciudad, quienes viven en los terrenos de menor valor, cerca de los ríos y en terrenos y viviendas frágiles.

De este modo, los desastres profundizan el empobrecimiento socioeconómico. Las víctimas suelen ver perdidos o reducidos sus escasos medios de vida, como animales de corral, su vivienda o taller, su vehículo de trabajo y por supuesto la infraestructura social (caminos, puentes, instalaciones). Como anota Alfredo Rodríguez en un reciente boletín de ALOP: el recuento de daños resulta en más personas pobres.

De ahí la importancia de abordar la reducción del riesgo de desastres como parte de las estrategias del desarrollo de los países. Eso significa adoptar estrategias de desarrollo bajo en emisiones de gases de efecto invernadero y, fundamentalmente, asegurar el desarrollo resiliente del clima con planes de adaptación al cambio climático.

También, se requiere mayor comprensión de los diversos impactos acumulados de los eventos frecuentes y de pequeña escala, que muchas veces son invisibilizados por el dramatismo asociado a los desastres mayores.

Igualmente es importante canalizar la ayuda, en casos de urgencia, tomando en cuenta las estructuras formales e informales donde las mujeres tienen alta capacidad de reconstruir el tejido social, manejar los recursos con equidad y participar democráticamente.

Las cooperativas pueden contribuir, desde su propio quehacer y su misión, a las estrategias de mitigación y adaptación. Las iniciativas se pueden traducir en estrategias de reducción del riesgo de desastre tomando en cuenta las capacidades diferenciadas por género. Los resultados se verán reflejados en mejor calidad de vida de las asociadas y asociados, la comunidad en general.

Fuentes: aciamericas.coop, alop.org.mx, confe-coop.gua.coop, coopeuch.cl, cred.be, internal-displacement.org y radiofeminista.net