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Desarrollo humano, conocimiento y TIC’s: una visión desde la equidad de género

16 de mayo de 2011

Estudios recientes indican que las mujeres son las principales usuarias de la gran mayoría de las redes sociales y de otras webs 2.0 de gran calado. Según el estudio mundial de comScore, el 75,8% de las mujeres internautas visitaron redes sociales en mayo 2010 frente al 69,7% de los hombres, una cifra muy significativa debido a que en Internet hay más hombres que mujeres (57% contra el 48%). América Latina presenta la mayor fidelidad de las mujeres a las redes sociales (94% de las internautas), que se imponen claramente en aquellas herramientas que implican interacción social.

El paradigma de desarrollo humano sitúa un grupo de “opciones” como esenciales para tener una vida humanamente digna, y el acceso al conocimiento es una de sus tres dimensiones fundamentales. Esta dimensión se relaciona directamente con la educación y el acceso a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), dado que los importantes avances realizados en este campo marcan lo que hoy conocemos como la sociedad de la información y el conocimiento. Sin embargo, en esta sociedad con capacidad ilimitada para generar, compartir y utilizar el conocimiento a partir del acceso, manejo y apropiación de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, el acceso público al conocimiento y la participación en los procesos de creación del mismo se convierten en factores de desigualdad.

Aplicar una perspectiva de género para analizar el mundo de las TIC implica comprender las relaciones de poder dentro de la sociedad, y tomar conciencia de las relaciones de poder desiguales entre mujeres y hombres y en relación a la edad, el origen étnico-racial, ámbito rural o urbano, la conexión a redes electrónicas dentro de las comunidades locales, en los países y en el ámbito internacional (Sabanes, 2004).

Según la UNESCO, para que las mujeres puedan beneficiarse en igualdad de oportunidades con los hombres en el ámbito del saber, es importante que tengan acceso no sólo a una educación general, sino también a una enseñanza específicamente orientada hacia las nuevas tecnologías. Este tipo de formación podría representar un medio rápido para que las mujeres consigan independencia financiera y mayor acceso y en mejores condiciones al mundo laboral. Es necesario también incrementar el número de mujeres jóvenes que cursan estudios superiores o ejercen el aprendizaje en profesiones científicas y técnicas (UNESCO, 2005).

La pesada carga cultural que soportan las mujeres en relación a las expectativas y los estereotipos sociales de género, contribuye a ampliar la brecha existente entre mujeres y hombres en lo que se refiere a la ciencia y al uso de nuevas tecnologías.

Así, frente al alto número de mujeres en las carreras de psicología, ciencias sociales, periodismo o educación, las carreras de ciencias exactas en Argentina apenas alcanzan un promedio de 24% de alumnado femenino. La situación se repite en el área de la investigación científica; mientras en Uruguay el 56% del personal de investigación son mujeres, en El Salvador ronda el 20%, en Argentina, Bolivia y Brasil el 40%, y en Ecuador y Panamá el 30%. Se observa además, que a medida que se sube en la jerarquía dentro de los organismos para la investigación científica, el número de mujeres en puestos de decisión va disminuyendo y es prácticamente nula su presencia en los altos cargos de dirección de los centros de investigación (Sabanes, 2004).

En los últimos años, la contribución y los aportes de las mujeres en el campo de la ciencia y la tecnología aumentaron cuantitativa y cualitativamente. Sin embargo, según la Cátedra Unesco, Mujer, Ciencia y Tecnología, apenas existen indicadores de género ni información estadística que permita realizar un análisis diferencial de la participación entre varones y mujeres en los ámbitos de ciencia y tecnología, lo que dificulta la formulación de políticas para revertir la situación.

Además, a pesar del aumento de la matrícula femenina universitaria en las carreras relacionadas con el ámbito de la ciencia y tecnología, los programas de enseñanza no han incorporado los aportes de la teoría de género y las mujeres siguen sin estar incluidas en los ámbitos de poder y de definición de políticas relacionadas con el mundo de la ciencia y la tecnología.

Las barreras, explicitas e implícitas, institucionales y socioculturales, que dificultan la promoción y el desarrollo de las mujeres como profesionales en el campo científico y tecnológico persisten. Las mujeres aún soportan casi exclusivamente el trabajo reproductivo, lo que dificulta el desarrollo de la carrera, el acceso a las becas de estudio, la posibilidad de viajar, de estudiar en el extranjero, etc.
Además, las instituciones científicas, dirigidas desde hace siglos por hombres, reproducen las relaciones de poder y de género, creando un clima más favorable para el desarrollo y el reconocimiento profesional de los hombres (Palomar, 2004).

Las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), además de ser herramientas técnicas, implican nuevas formas de producir y circular la información, de gestionar conocimientos, incluso de relacionarse y comunicarse en todos los niveles (trabajo, educación y relación interpersonal). Y por ello es necesario mirar como estas nuevas tecnologías interfieren en los estilos de vida, en el capital cultural y simbólico de las mujeres y dentro de las biografías socio-históricas de las personas y los grupos (Bonder, 2004).

¿Qué pueden aportar las TIC para las mujeres?

- Brindar grandes beneficios y adelantos en salud y educación.
- Potenciar a las mujeres y actores sociales, ONG, etc., a través de redes de apoyo e intercambio y listas de discusión.
- Apoyar a las PYME de las mujeres empresarias locales para presentar y vender sus productos a través de la Internet.
- Permitir el aprendizaje interactivo y la educación a distancia.
- Impartir nuevos conocimientos para la empleabilidad que requieren muchas competencias (integración, trabajo en equipo, motivación, disciplina, etc.) que las mujeres vienen ejerciendo desde hace mucho tiempo.
- Ofrecer nuevas formas de trabajo, como teletrabajo.
- Dar acceso al flujo de conocimientos e información para empoderar y mejorar las vidas de las mujeres.

La propagación de las TIC se produjo especialmente a partir de los años noventa, pero ocurrió de forma desigual, dando lugar a la brecha digital que separa a aquellas personas o grupos sociales que tienen acceso a las TIC, que tienen condiciones óptimas para usarlas en beneficio individual o colectivo y aquellas que no tienen acceso o no saben cómo usarlas creativamente (Martínez, 2006).

Esta brecha está cruzada por relaciones de poder y por las desigualdades de otras brechas sociales existentes, como la inequidad de género, la pobreza o el limitado acceso a las nuevas tecnologías en el ámbito rural. Así, según datos de la OIT, en el año 2000 las mujeres eran una minoría en el campo del uso de Internet tanto en los países en desarrollo como en los ya desarrollados, representando el 38% de los internautas en América Latina. Sin embargo la tendencia de la brecha digital de género comenzó a disminuir hacia el 2001, según destacó el Informe de Desarrollo Humano del mismo año (PNUD, 2001).

A partir de las necesidades de comunicación que surgieron en el movimiento de mujeres y feminista en relación a las grandes conferencias mundiales convocadas por Naciones Unidas en la década de los noventa (Eco 92, Conferencia sobre Población y Desarrollo en El Cairo, 1994, y Conferencia Mundial de la Mujer de Beijing, en 1995), el uso de las TIC se convirtió en algo habitual.

Así, el cabildeo, las discusiones en listas electrónicas o en línea, los foros electrónicos, las publicaciones, los servicios de noticias, las radios feministas en línea, las comunidades de práctica y los sitios y portales Web, se han convertido en medios para dar a conocer el trabajo del movimiento por los derechos de las mujeres, y en un una forma de apropiación estratégica del ciber espacio para maximizar la incidencia en torno a objetivos comunes (Sabanes, 2004).

En la región latinoamericana, la experiencia de los tele-centros ha sido muy valiosa para acercar el conocimiento y la información a aquellos lugares donde la población no posee computadora ni acceso a Internet. Estas experiencias han demostrado que el acceso, manejo y conocimiento básico de las TICs, permite a las mujeres redescubrir nuevas habilidades y aptitudes, mejora su autoestima y facilita la superación de la “tecnofobia”, que les afecta principalmente a ellas (Sabanes, 2004).

Fuente: PNUD (2010). América Latina genera conocimiento. Gestión del conocimiento para la Igualdad de género.

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Comité Regional de Equidad de Género (CREG)

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