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Secretario General de la OEA dice que la democracia en América Latina está mucho mejor que antes, pero todavía hay muchos desafíos que superar

8 de abril de 2014

El Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, dijo el lunes 31 de marzo de 2014, que la democracia en América Latina vive un buen momento si se la compara con el pasado reciente, pero advirtió que aún adolece de defectos y persisten los desafíos, durante una conferencia magistral que realizó en la Universidad Central de Chile, en Santiago, con motivo del inicio del año académico 2014.

En su discurso, el Secretario General Insulza habló sobre democracia, participación y derechos sociales en América Latina. “Lo primero que debo decir es que la democracia goza, en general, de buena salud en nuestro continente. Desde luego tiene aún muchos defectos, y enfrenta también desafíos importantes. Pero no hay que olvidar que esta condición democrática se vive más plenamente en nuestra región desde hace apenas unas tres décadas”, afirmó. Destacó entre los retos, “como los más acuciantes, la desigualdad, la exclusión social, la inseguridad pública y el deterioro ambiental, que hace mucho dejaron de ser amenazas para convertirse en dramáticas realidades”.
Al iniciar su conferencia, el Secretario General Insulza consideró que “la pregunta que debemos hacernos, en consecuencia, es si la democracia que hemos alcanzado, particularmente la que tenemos hoy en América Latina y el Caribe, alcanza para ayudarnos a superar esos problemas. Mi respuesta es no”. El máximo representante de la OEA sostuvo que la exigencia democrática de hoy en día es mucho mayor que la que existía hace un siglo. “Todos tenemos claro hoy que una democracia no se construye exclusivamente con el ejercicio del voto, y que las elecciones libres y participativas son un componente fundamental, pero no suficiente”, indicó. Existe una segunda dimensión, prosiguió, que es “el pleno ejercicio de los derechos que la ciudadanía confiere a todos los hombres y mujeres que habitan un país democrático”. “Ser ciudadano ya no significa solamente elegir gobernantes y gozar de su protección. Significa también tener derechos humanos, que el Estado se obliga a respetar y hacer respetar: el derecho a la vida, a la libertad, a la seguridad, la libertad de expresión, de reunión, de asociación, junto a otros derechos civiles y el derecho a conocer, debatir y participar de las decisiones de la autoridad, son hoy también inherentes a la democracia”, puntualizó.

Siguiendo con esta línea de razonamiento, el líder de la Organización Hemisférica afirmó que “a la democracia política y civil se agrega además una dimensión social. La democracia es completa sólo cuando es capaz de entregar resultados a sus ciudadanos, asegurando oportunidades de desarrollo para todos y todas”. De esta manera, indicó, se puede explicar y entender el reclamo ciudadano que se escucha en las calles de buena parte de los países del continente. “Y es que los ciudadanos de nuestra región creen cada vez más en la democracia, pero al mismo tiempo entienden que ella debe también expresarse en resultados tangibles en su vida cotidiana”, aseveró, advirtiendo que esa exigencia se hará cada vez mayor. “Si el Estado democrático no entrega por igual, a todas y todos, los beneficios del progreso, el resentimiento será inevitable, como es inevitable que se constituya en un caldo de cultivo para la inestabilidad de la propia democracia, porque la sociedad en su conjunto –o grupos que se sientan particularmente rezagados- seguirán utilizando todos los medios a su alcance para manifestar su insatisfacción”, agregó.

En su exposición, Insulza identificó los tres principales desafíos estructurales que hoy enfrentan las democracias de la región. “En primer lugar, una sociedad democrática no es compatible con la subsistencia de niveles extremos de desigualdad. No puede haber una condición económico-social de nacimiento que determine la calidad de vida y la educación, la salud, la vivienda y la seguridad pública a la que se puede tener acceso. La distribución desigual del ingreso en América Latina no tiene parangón en ninguna región del mundo”. En segundo lugar, mencionó, la sociedad democrática “no es compatible con la existencia de grupos que rechazan las normas de la sociedad civil y viven al margen de ella. Las expresiones criminales que existen en nuestro hemisferio, ligadas al crimen organizado, al narcotráfico, al tráfico de personas, configuran formas paralelas de vida, con sus propias reglas y organizaciones, ciertamente que no son compatibles con nuestro principio democrático”.

En tercer lugar, sostuvo que una sociedad democrática no puede existir sin consensos y confianzas esenciales acerca de la forma de gobernar, elegir y transmitir el poder político. Entre esos consensos destacó “la existencia y el respeto pleno de mayorías y minorías, el pleno respeto a la posibilidad de alternancia en el poder, la plena libertad de expresión, la separación de poderes, la independencia del poder judicial, la no alteración repentina de las reglas para alcanzar el poder de manera que se pueda crear desconfianza entre los que no lo tienen, y sobre todo, lo que es más peligroso, no crear entre los que no tienen el poder el temor de que nunca van a llegar allí a través de ninguna manera democrática”, indicó.

La Carta Democrática Interamericana contiene todos estos principios, resumió Insulza. “Cada país y cada pueblo deben ser capaces de construir y defender su democracia”, sentenció, y aclaró que “las organizaciones internacionales no son supranacionales, no existe en el mundo la supranacionalidad salvo casos muy especiales, pero existen los organismos multilaterales, que son organizaciones de países y los países deciden sobre ellos. La mayor parte de estos principios pueden ser proclamados por la sociedad internacional, pero deben ser producto del esfuerzo, del trabajo, de la cultura, y finalmente de la disposición de todos los países para respetarlos y llevarlos a la práctica”, concluyó el Secretario General de la OEA.

En el marco de su charla, el Secretario General de la OEA hizo referencia a la situación que atraviesa Venezuela en la actualidad, que, afirmó, pone a prueba la democracia colectiva de los países de la región, y reiteró que la clave para alcanzar una salida pasa por el diálogo entre el gobierno y la oposición. “Cualquier otra solución es inviable y sólo puede traer una agudización de la violencia que hoy se vive ahí. He insistido también que, para que ese diálogo sea fructífero, debe ser realista, debe hacerse cargo de todos los problemas y no sólo de los problemas que cada parte ve o quiere ver, y debe hacerse cargo de los niveles de violencia a que ha llegado la confrontación, y buscar reducirlos por la vía de compromisos de ambas partes”, indicó.

Sostuvo que en la crisis venezolana subyacen los problemas económicos que atraviesa Venezuela, “que son muy serios, así como los altos índices de delitos y otras situaciones que hoy afligen a los venezolanos, y que sólo van a encontrar solución por la vía de un diálogo efectivo y de compromisos realistas que comprometan a todas las partes”. “No tengo dudas que la posibilidad de que ese diálogo se materialice está poniendo a prueba la madurez de la democracia venezolana”, añadió.

El Secretario General de la OEA se refirió a las críticas que se han formulado a la OEA y a otros organismos subregionales como UNASUR, pero destacó que ninguna de estas instituciones ha caído en el error de pretender una intervención en los problemas de Venezuela. “Hace mucho que la época de las intervenciones quedó atrás. Para ayudar a solucionar los problemas de un país, ningún otro país o agrupación de países debe intervenir en él. Deben ayudarlo a propiciar el diálogo e incluso, si son llamados a ello, pueden facilitarlo o servir de mediadores en ese diálogo. Pero en ningún caso intervenir en el sentido que ocurrió en tristes momentos de nuestro pasado reciente”, insistió, y recordó Guatemala en 1954, República Dominicana en 1966 y Chile en 1973 como casos de intervenciones que no pueden volver a ocurrir.

El líder de la institución hemisférica puso especial énfasis en expresar su rechazo a las prácticas de la intromisión indebida en los asuntos internos de otros estados, sobre todo cuando se trata de gobiernos que han sido elegidos legítimamente. “Un escenario completamente distinto es el que se da cuando en un país se destruye, o se amenaza destruir por la fuerza el sistema democrático”, afirmó, y recordó que la OEA cuenta desde el año 2001 con la Carta Democrática Interamericana. El Secretario General Insulza indicó que la Carta se ha aplicado en siete ocasiones desde que él asumió en 2005 la Secretaría General de la OEA, casi siempre para defender una democracia amenazada, y solo en un caso, en Honduras en 2009, para actuar ante una ruptura de la democracia. “Pero su aplicación, que debe ser muy cuidadosa dada nuestra historia, sólo corresponde cuando la abrumadora mayoría de nuestros Países Miembros determina que dicha ruptura se ha producido”, advirtió, y señaló que “eso no ha ocurrido en el caso de Venezuela”.

“Por más críticas que reciba, la OEA no actuará –y no podría actuar - si nuestros Países Miembros no deciden poner en marcha los mecanismos de la Carta Democrática, algo que no han hecho de manera alguna en estas circunstancias”, añadió el Secretario General Insulza, quien recordó que el Consejo Permanente de la OEA se reunió para analizar la situación recientemente, aclarando que “no hubo una petición de aplicación de la Carta Democrática Interamericana”.

Finalmente, el Secretario General Insulza manifestó que la OEA no permanece inactiva, sino que está promoviendo de manera enérgica “la solución de los problemas por la vía del diálogo democrático entre los venezolanos”. “Dije en su momento -creo haber sido el primero en decirlo- que, si no era posible alcanzar, directamente o a través de mediadores internos, la confianza mínima necesaria para un dialogo adecuado, siempre podía recurrirse a la ayuda de la comunidad internacional. Eso es lo que hemos hecho”, concluyó en referencia a la mediación que actualmente lleva a cabo la UNASUR, cuya tarea OEA apoya para que tenga éxito.

Embajadores, congresistas, representantes del Poder Ejecutivo, militares, académicos, y estudiantes, entre otras personas, asistieron a la conferencia magistral del Secretario General de la OEA.

Fuente: Comunicado de Prensa

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